Frente al vacío, a rescatar el futuro


…de Pedro y María, de Juan y José.
-Daniel Viglietti

Nos vemos obligados a tomar estas medidas a ver si podemos cambiar estas leyes que son la opresión del pueblo pobre.
–Rescatadores de Villa Eloísa

Familias desalojadas de sus propiedades por expropiación y como consecuencia, comunidades desmanteladas y desarticuladas; personas desposeídas por los bancos que ejecutan sus hogares, el derecho hipotecario siempre se impone; edificios vacíos, abandonados, desocupados, una ciudad fantasma mientras hay miles sin hogar; a diario los tribunales ordenan el desahucio de familias que viven en arrendamiento y a las que no les queda más que emigrar. Se trata de políticas públicas y procesos distintos pero aunque cada uno de estos escenarios tiene un contexto diferente, la importancia y el reto está en hilvanarlos. El documental recientemente producido por la socióloga urbana Lilliana Cotto Morales, Desalambrando: la comunidad al rescate de sus tierras no puede ser más propicio para la conversación urgente de estos temas.

¿Qué tienen en común las personas que protagonizan estas historias hoy por hoy? ¿Cuál es su vínculo con otras del pasado? ¿Cómo trazar las continuidades y las fisuras de las estampas y políticas públicas que acaso conectan el pasado y el presente? ¿Tienen algo de continuidad o discontinuidad aquellas familias agregadas de las fincas cafetaleras, las que recibieron parcelas, las que ocuparon parte del área metropolitana en busca de empleo, con las que hoy arriendan subvencionadas, o con las expropiadas y aquellas desalojadas de terrenos rescatados o con las descendientes que hoy viven en vivienda pública? ¿Cómo se vinculan las políticas propietarias de la década de 1940 y subsiguientes con la crisis de ejecuciones de hipotecas que hoy día dejan a miles sin hogar?

Un acercamiento a la crisis requiere observar con detenimiento para comprender las condiciones estructurales que dan lugar a la desposesión y a los vínculos de estas personas que, aunque en principio parecen distintas, quizás baste hurgar un poco para ver los lazos en el tiempo. Quizás no se trate tanto de vínculos genealógicos como de clase, raza e incluso género, pero es muy difícil precisar. Sin embargo, algo podemos atisbar. De ahí que una de las imágenes más poderosas y que más me ha llamado la atención sobre estos temas es la de dos rescatadores de terreno de la década del 70 que en el 2016 se detienen frente a un solar vacío, el mismo solar que quedó vacío cuando los desalojaron forzosamente por invadirlo. El documental Desalambrando, producido por Cotto Morales nos ofrece la oportunidad única de observar junto a ellos ese vacío y comenzar a trazar paralelos, conociendo de cerca uno de los fenómenos sociales de mayor presencia en la historia social contemporánea en Puerto Rico: los rescates de terreno.

“No somos invasores, somos rescatadores”, así lo expresaron entonces y así lo reafirman hoy. Ellos, ellas, rescatadores de diversas partes del país -alrededor de 186 comunidades, 86,000 personas aproximadamente- ocuparon tierras –públicas y privadas- en dos grandes olas de rescates de tierras: de 1968 a 1972 y de 1972 a 1976. El proceso ha sido meticulosamente estudiado, analizado y recopilado por Cotto Morales, primero en su libro Desalambrar (2006) y ahora en este documental ya con una mirada más amplia en la que invita a los y las partícipes a presentarnos su narrativa. ¿Cómo se dieron los procesos de rescate en Campo Alegre (1972), qué tiene que decirnos de su experiencia una ocupante de allí que antes era propietaria y que a raíz de ser expropiada, la ocupación de tierras fue su alternativa? ¿Qué nos dice su experiencia sobre la saga de expropiaciones de las comunidades hoy día? Y así, otras conversaciones se trazan en el documental. Encomiable es también que en el proceso, las y los líderes comunitarios se reúnen, trazan una memoria, como el caso de los fundadores de Villa Margarita (1973), cuyo nombre se debe a la líder rescatista, aunque la tierra pertenecía a Margarita Blondet, “que vivía en el Caribe Hilton”, según ellos mismos recuerdan. Las y los participantes y narradores del documental recuentan experiencias como la del gran piquete maratón, una de las tomas de carreteras más significativas en Puerto Rico y la ocupación de la calle Fortaleza por semanas hasta que el entonces Gobernador los recibiera. Además, comparten perspectivas sobre la criminalización de varios rescatadores como los de Villa Kennedy y Villa Pangola, no hay que olvidar que el uso del derecho penal siempre ha servido para criminalizar la protesta y mucho más si se trata de un cuestionamiento a la propiedad privada. También nos hablan y exponen una radiografía de los tribunales y los profesionales del derecho en escenarios jurídicos masivos como los desahucios y los arrestos y el proceso político que se activó como consecuencia, así como quienes fueron los actores solidarios en este proceso y las razones que llevaron a ciertos grupos a apoyar o incluso a instrumentalizar los rescates.

En su libro Cotto Morales recoge narraciones, entrevistas, análisis de las experiencias en este movimiento, y le da sentido a lo ocurrido pero el documental nos permite darle continuidad a una segunda parte de su trabajo, a una mirada más de largo alcance y que incluye eventos de ocupaciones, rescates y desalojos en las últimas dos décadas del siglo XX, como es el caso de Villa Sin Miedo, los rescates en los noventa y nuevas modalidades de desahucios forzosos como el caso de la comunidad de Villas del Sol. El trabajo de Cotto Morales, como socióloga, estudiosa y activista tiene un valor incalculable. Desalambrando nos permite conversar y trazar paralelos con las crisis de hoy de vivienda, desigualdad, nuevas ocupaciones, en fin, desde la mirada de nuestras propias crisis podemos vernos en el espejo de quienes retaron otras crisis y se lanzaron a ocupar el vacío de su tiempo.

Pero además de las voces y narrativas que el documental recoge y la labor titánica de reunir a quienes osaron cuestionar la distribución de la propiedad desigual, me parece que hay dos aspectos que sobresalen de este trabajo. El primero es la puesta sobre la mesa de la pregunta por la distribución de la tierra, del espacio, si se quiere. La pregunta por la validez de los títulos originarios de la propiedad parecería desfasada. Más en un mundo que insiste ser postideológico. ¿Desde qué parámetro de justicia evaluamos la asignación actual de los recursos, de la riqueza? ¿Quién quiere preguntarse hoy día por eso?, se dirá. Pero como aún incluso plantea el teórico político liberal, Jeremy Waldron, la pregunta por la justificación de la propiedad privada siempre vuelve, aunque sea de formas distintas. También regresa la pregunta por la distribución de los recursos y de la tierra. Luego de la justificación de la propiedad privada, siempre queda la pregunta por la distribución de esa propiedad. A mayor desigualdad, mayor legítima se hace la pregunta. ¿Desde dónde y cómo se justifica un título de propiedad? Los rescates u ocupaciones de tierras, edificios, espacios, siempre plantean esas preguntas, intencionalmente o no, porque el rescate o la ocupación plantean la posibilidad de un título originario que desplace hacia una nuevo estado de cosas la distribución que se reta.

El segundo es la posibilidad de trazar líneas hacia un pasado que nos devele pistas y patrones que expliquen algunos aspectos del presente. ¿Hasta dónde llegaremos? Hasta donde haya que llegar para justificar un estado de cosas más justo, quizás. Frente al vacío, no ya de los solares meramente, sino de un proyecto de Estado que sea capaz de hacerse la pregunta por un nuevo contrato social más equitativo y justo, el documental Desalambrando ofrece algunos planteamientos para la conversación, la imaginación y la acción hacia lo común. Hoy, que nos enfrentamos a una crisis de grandes proporciones, en que los desahucios de arrendatarios, desalojos mediante ejecuciones de hipoteca, expropiaciones de las comunidades que a pesar de lograr su título de propiedad hoy día son expropiadas por el Estado y los municipios para darle a terceros con capital financiero, entender este proceso que se expone en Desalambrando es tarea obligada. Si hoy se ocupan solares y propiedades “abandonadas” o vacías para proyectos comunitarios o culturales, no puede verse el proceso como un fenómeno aislado de aquellos rescates que Cotto Morales nos narra y nos ilustra en este documental.

Trazar las continuidades y vínculos desde aquellas agregadas, de las parceleras, de quienes rescataron, de los descendientes que hoy alquilan vía subsidios porque no cualifican para comprar una propiedad, de quienes la compraron pero hoy el banco se las quita, de los y las desalojados, sería una forma de comprender el entramado subyacente entre riqueza y propiedad, entre capital financiero y desposesión, entre derechos y la precariedad de su contenido; entre la posibilidad de un futuro vacío o uno que rescatemos todos y todas.

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