Hablemos claro camino a la descolonización


Varias personalidades han mencionado la celebración muy próxima de un congreso soberanista. Incluso se ha informado que se ha separado fecha y lugar para celebrarlo en los primeros meses del año. Todavía las aguas están un poco enturbiadas, con la usual retórica populista -esa costumbre de las élites dirigentes en proclamarse representativas de los intereses de grandes sectores del pueblo, cuyo mejor ejemplo fue la facción dirigente de la burguesía en la Revolución Francesa, que se repite cada vez que unos grupos con determinados intereses intentan proyectarse como los genuinos representantes generales de la sociedad.

No obstante, un análisis inicial de la presente coyuntura y de los procesos sociales, económicos y políticos que han ocurrido en Puerto Rico en los últimos años, tiende a sugerir que ciertas personalidades del mundo artístico y profesional, sectores al interior del Partido Popular, votantes descontentos y no afiliados coquetean con la idea de fundar un nuevo proyecto político electoral de centro hacia el protectorado con cierta intuición que hasta el momento no ha tenido representación electoral partidaria. (Tal vez lo más cercano a ello, aunque sin ese nombre, haya sido el Movimiento Unión Soberanista, que no pudo crecer como deseaba, que se quedó sin los autonomistas fundadores y que luego de una reducida votación electoral se replegó hacia labores educativas, pero que nunca se definió como libre asociacionista).

Este análisis lo hago por los siguientes factores. Los portavoces visibles de ese movimiento en ciernes proclaman la desaparición del PPD colonial, el alegado derrumbe del estadoísmo y el “fracaso” del Independentismo. Buscan por un lado un “discurso” acomodado, digerible a la población adicta a la ciudadanía norteamericana. Plantean que el gobierno federal le eliminó la plataforma del ELA al PPD –lo cual es cierto–, unos ven la estadidad en declive y subestiman su ascendencia en la población y otros la ven como el cuco enemigo a combatir –lo cual es erróneo porque es un proyecto natimuerto para la metrópolis– y algunos critican el achicamiento y otros en los hechos pretenden competir con el partido electoral representativo de la independencia, Partido Independentista Puertorriqueño.

Error grave que olvida las graves consecuencias producidas cuando el PSP de los 1970 montó competencia al espacio electoral del PIP, y tal parece que todavía hay personas que no aprenden de la experiencia y no pueden resistir la tentación de montar tienda aparte con apetito caníbal partidista electoral y sin saber ser complementarios en la diversidad. El PIP es un partido social demócrata, fraguado por décadas, con valiosos cuadros, militantes y dirigentes, pertinente en nuestra formación mientras persistan los problemas inmorales del colonialismo y neoliberalismo.

Algunos cultivan ilusiones de hacer una plataforma electoral que sirva para catapultar unas figuras, tal vez la de Carmen Yulín Cruz, quien todavía no ha tomado una decisión si rompe de cuajo o no con el PPD, unida a la de Alexandra Lúgaro, o la reciente declaración de Luis Gutiérrez de buscar otros espacios. En realidad aún cuando lo presenten como un Congreso Soberanista para descolonizar, su mercado son populares descontentos y votantes independientes disgustados con los tres partidos principales. En su razonamiento piensan que una formación partidista soberanista puede atraer los votos independientes de Alexandra Lúgaro, y los que pueda arrastrar una figura como Carmen Yulín. Calculan que ello los acerque a un tercio de los votantes y que en unas elecciones reñidas tengan oportunidad de ganar la administración del ELA colonial. Más que un congreso descolonizador es un proyecto para un partido político electoral, anticipando unas elecciones en el 2020, es decir para acceder a la administración del menguado espacio colonial.

El problema que se puede presentar es que en el intento de fundar un proyecto político electoral titulado soberanista invadan espacios de otros partidos electorales, particularmente el del PIP, y está por verse si comprenden las necesidades de un procedimiento idóneo de descolonización para nuestro país.

En la década del 1940 el independentismo era mayoría política y de ahí la corrección de una convocatoria a un Congreso Pro Independencia en 1943. Hoy el proceso de colonización mental en la población ha llevado a un auge del estadoísmo como tendencia mayoritaria en crecimiento, un estancamiento del popularismo inmovilista y un decrecimiento en el número de independentistas con una fragmentación terrible de grupos y grupitos. Tal vez más de un 95% de la población se plantea no renunciar a la ciudadanía norteamericana. No obstante, hay un consenso abrumador en la población de que Puerto Rico es una colonia y que la deuda pública es impagable por los puertorriqueños. Eso indica que los puertorriqueños aspiran a solucionar el problema colonial, mas otro asunto es el grado de quimeras que todavía cultiva la población hacia la relación con los Estados Unidos. Quimeras que tienen que irse derrumbando por cabeza propia a la vez que se da un proceso educativo y de lucha social y política.

Frente a esa realidad, una cosa es plantearse la creación de un partido o movimiento que aspire a la libre asociación con tendencia social demócrata o solidaria. Existe el espacio político electoral para ello, (igual que existe el espacio para un proyecto de partido realmente socialista e independentista de los trabajadores que no compita con los espacios electorales de otros colectivos patrióticos mientras exista el capitalismo y el coloniaje). Sin obviar que la realidad no tiene límites para la creación de grupos de autogestión o de luchas educativas y de persecución de las grandes reformas que se necesitan (ambientales, alimentarias, seguridad y narcotráfico, transporte marítimo, formación de cuadros y militantes cultos, sufragio de y unidad con la diáspora, etc. Eso añadiría un aspecto positivo al cuajar organizativamente una tendencia que debe estar representada en la papeleta electoral y en la papeleta para la selección de delegados de un proceso de descolonización.

Pero las cosas deben llamarse por su nombre y decirse con franqueza su propósito. Si ese es el fin de los que van a convocar el llamado congreso soberanista, pues que sean claros y lo afirmen públicamente. Lo que no pueden hacer es intentar afectar estructuralmente al único partido que representa la voluntad electoral independentista del pueblo puertorriqueño, con miras a reclutar a sus afiliados pues eso trae disputas feroces y fratricidas, lo que afecta el objetivo común de defender los fueros nacionales y un proceso consensuado de descolonización.

Deben hacer una distinción entre sus objetivos meramente electorales y los correspondientes a un proceso de descolonización. El problema con la formación de los partidos principales electorales de Puerto Rico es que son partidos ideológicos, y cada uno representa fórmulas ideológicas de estatus: el PNP defiende la estadidad, el PPD el ELA colonial y el PIP la independencia. Lo que falta es una tendencia electoral que defienda la libre asociación. Y por esa razón se tiende a confundir muchas veces, y eso permea las discusiones, el proceso de participación electoral en las elecciones coloniales –eminentemente táctico y secundario– con un proceso estratégico largo placista de descolonización, que es algo muy distinto.

Para romper el tranque colonial y lograr cambiar la conciencia de las grandes mayorías hacia una ruta emancipadora hay que diseñar un procedimiento idóneo de descolonización. Ese procedimiento tiene que ser mediante la convocatoria por consenso contractual –desde la sociedad civil habida cuenta del boicot a la misma del bipartidismo servil– de las tendencias no coloniales a una asamblea nacional de delegados isleños y diaspóricos, solvente, permanente y por etapas. En la cual cada una de las fórmulas tenga su oportunidad en rango reconocido por el número de delegados que sea capaz de elegir. Por vía del ejemplo, si son 100 los delegados los que se van a elegir en la asamblea nacional de estatus, y los estadoístas obtienen 51, pues por acuerdo contractual previo las demás tendencias permiten que por dos años los estadoístas reclamen la estadidad y si es denegada o ignorada –como es previsible–, comienza el reclamo de la libre asociación.

Ambas fórmulas de estatus dependen de la voluntad de Estados Unidos para conferirlas. Si tampoco la metrópolis firma un tratado de libre asociación en otro periodo de caducidad de dos años, entonces todos los delegados declaran la independencia nacional y se inicia la negociación de medidas de transición y reclamación de reparación de agravios incluida la asunción de la deuda pública odiosa por la metrópolis. Así se continúan derrumbando quimeras, corroborando en la práctica a las tendencias adictas a los norteamericanos que el olmo federal no pare toronjas.

Esa distinción es importante tenerla clara: diferencia un proceso estratégico de descolonización de la organización electoral de tendencias. Sobre todo en una época en que estamos muy lejos de las elecciones coloniales. Si tenemos clara la perspectiva, entonces cada cual con su tropa elabora sus programas y tácticas electorales, respeta el espacio organizativo de la tendencia independentista, y se facilita trabajar en unos consensos mínimos como lo son: reconocer que Puerto Rico es una colonia y en elaborar un procedimiento idóneo de descolonización con oportunidades para las tres tendencias, de manera que como pueblo unido representado por los delegados de una poderosa asamblea nacional para la descolonización podamos enfrentar la potencia colonial y sus representantes. No será un proceso fácil. Pasaremos por momentos de tinieblas, de confusión, se requiere una gran dosis de honestidad para ir analizando con espíritu crítico y autocrítico el proceso duro y difícil hacia la descolonización definitiva de nuestra patria.

Por lo pronto sean claros los que convocan al congreso soberanista. Si su objetivo es constituir un proyecto político electoral libre asociacionista y de buen gobierno, pues háganlo, pero no invadan el campo del Partido Independentista.

No descarto que si se aclara que eso no es un proyecto electoral, que no se va a fundar un partido, que se trata de un mecanismo de transición de unidad de las fuerzas patrióticas hacia un proceso más inclusivo y amplio de descolonización, es decir de convergencia de fuerzas patrióticas que luego ayuden a la convocatoria desde las bases hacia un congreso para la descolonización que incluya a los estadoístas, entonces podría ser útil pues debemos estar abiertos a cómo diversas personalidades van dándole forma al vendaval de ideas y discusiones que acontecen. Como también podría ser útil si se define su intención como proyecto electoral de libre asociacionistas, según discuto  en este ensayo.

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