Molly’s Game: trampas y enredos


Aaron Sorkin, el guionista de este filme, con el que debuta como director, se hizo famoso con, entre otras cosas, la serie de televisión “The West Wing” (1996-2006), posiblemente una de las mejores ofertas televisivas en la historia de ese medio. Uno de los evidentes dotes en la serie es mantener en foco las múltiples “tramas” laterales que inciden en la vida diaria del presidente (ficticio) de los Estados Unidos sin dejar cabos sueltos que nos turben. Su capacidad para crear escenas en que varios personajes participan sin que sean parte de lo más importante de la trama (como es la vida) es una de sus contribuciones estilísticas a sus obras y está muy clara en “…Wing”. Como dramaturgo exitoso (“A Few Good Men”, 1989, que luego fue película) sabe cómo escribir diálogos extensos e intensos, incisivos y reveladores, y lo que equivaldría a “monólogos” en el teatro clásico. Todas estas bondades están captadas en la pantalla y, en eso, la película no decepciona. Mas en el camino a la historia de Molly Bloom (Jessica Chastain), Sorkin tropieza varias veces y cae en trampas que enredan el hilo de la narración.

La película comienza con una secuencia bastante larga (el filme dura más de dos horas, lo cual es una de sus fallas) sobre los problemas que confronta de jovencita Molly, quien es una esquiadora talentosa. Además, es una joven brillante, de fortaleza moral y de gran capacidad analítica. La rebeldía contra su padre (Kevin Costner) dictatorial es aguda y, muchas veces despiadada. Él es psicólogo y, en un momento, Molly procede a demoler las ideas freudianas (yo habría hecho lo mismo) en una escena estupenda antes de que Molly la esquiadora se convierta en Molly la empresaria de juegos de póker.

Retirada de las competencias de esquí por un accidente, Molly se convierte en camarera de clubes nocturnos de moda donde aprende los trucos del engaño que son esos lugares, donde una botella de Grey Goose que cuesta $8.50 se vende por ¡$300!, etc. Conoce ahí a Dean Keith (Jeremy Strong) quien es el que la introduce al mundillo de juegos de póker privados en los que se juegan cientos de miles de dólares y a los que concurren jugadores famosos entre los que hay actores de cine, roqueros, productores, hombres de negocio, y millonarios ociosos. El filme nos lleva poco a poco a conocer cómo esos juegos se convierten en situaciones peligrosas que involucran a los participantes en un torbellino de intrigas y falsedades de las cuales muchas veces no tiene salida.

Sorkin comienza a contarnos la historia (que está basada en hechos reales) desde la noche que el FBI arresta a Molly por conducir “juegos ilegales”, violando así varias leyes federales que también tienen repercusiones en los estatutos estatales. Una patrulla de 15 o 16 agentes con armas largas arrestan a Molly en lo que parece algo desproporcionado a lo que se presume es su delito. Como consecuencia Molly tiene que buscar un abogado. Charley Jaffey (Idris Elba) no está muy interesado en defender a Molly por múltiples razones, la menor de las cuales no es que quiere un adelanto de $250,000, que la acusada no tiene.

El encuentro de Molly y su abogado nos prepara para algunas de las mejores escenas de la cinta. Siempre que Chastain y Elba están en pantalla los diálogos son estupendos y la tensión de los intercambios alcanza un alto nivel gracias a las actuaciones de estos dos artistas excelentes. No creo que a nadie se la haya escapado que Chastain es una de las mujeres más hermosas del cine y que, como ha ido demostrando desde “The Debt”, 2010 (fue la primera vez que la noté) en la que era Helen Mirren cuando joven. Ya para “The Help” (2011) era imposible olvidarla. Como demuestra en esta película, Chastain es capaz de echarse un proyecto al hombro y cargar con él haciéndolo relucir con su actuación. Es una de esas actrices cuya belleza siempre notable no interfiere con lo que su personaje nos comunica y representa. Ella es lo mejor de la película.

Lo segundo mejor es Idris Elba, cuya presencia es monumental. No me refiero únicamente a su físico, sino a su capacidad para hacernos aceptar las motivaciones y las dudas filosóficas, éticas y prácticas del personaje ante la madeja de complicaciones que ha creado el comportamiento de Molly. Tanto Kevin  Costner como el padre de Molly y Michael Cera como el jugador X, un tipo siniestro y complejo, añaden peso a las actuaciones en el filme.

Sin embargo, hay muchos baches en la película que son lapsos en la coherencia del guión y, en contraste con lo que dije de Sorkin al principio de este escrito, nos dejan tratando de descifrar algunas movidas de Molly. Algunos de los asuntos laterales pudieron haberse obviado sin afectar el impacto del hilo narrativo. Predije, como me imagino que muchos de ustedes han hecho,  que alguien iba a mencionar a la Molly Bloom y el “Ulises” de Joyce, y así fue. Es uno de los pocos momentos de liviandad en esta película con fallas. Lo que sí es que con este filme Chastain muestra que su arte se va acercando a los niveles más altos.

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